ESCRIBIR-ESCRITOR-PROFUNDIZAR ¿Lo has pensado alguna vez?

Hoy me urge escribir porque me apetece. Me siento con esas ganas de rodar el bolígrafo a ver si consigo meterme en la profundidad de algún tema. Cuando se sienten ganas de escribir es algo que no se aplaza porque lo que te pasa ahora, lo que sientes, si te dices lo dejo para después, ya no lo volverás a sentir con la misma necesidad. Publicar ya se puede posponer, o no lo haces, pero lo de escribir cuando la idea está ahí, hay que hacerlo ya, a causa de que además, es una manera genial de estar en el mundo y contar las imágenes que la cabeza te va dictando.

Dicho lo anterior hay razón para considerar lo importante de no ir por la vida dándotela de escritor, ya que a veces, solo decirlo puede alejarte de las personas y si te acerca, que también ocurre y no das la talla, entonces ya te tildan de ‘fracasado’. Esto de escribir hay que tenerlo claro. Podemos llevarlo en las entrañas como una vocación de siempre, pero es una vocación quebradiza porque se cree que los escritores siempre tienen que dar la talla y crear escuela. ¡Cuánto dañan los prejuicios! Jodido, pero es así.

Lo de profundizar ya es otra cosa. Todos sabemos leer y escribir de todo. En cambio ya profundizar ¡hmmm!… poco, pues si escribimos sobre una experiencia propia, entonces por el respeto a la intimidad o al dolor de uno mismo no queremos entrar, resultando que justo ahí estamos perdiendo la oportunidad de rascar en lo hondo de lo vivido. Es humano y nos ocurre porque es privado y tocarlo nos provoca si no miedo al menos respeto. De manera que algunos creen mejor escribir de lo corriente, lo que es de todos. Ahí sí se puede hurgar para que los lectores se identifiquen y hasta en ocasiones te reconozcan lo bueno que eres.

Sin embargo yo no quiero preocuparme por el tipo de gente que me lee, en el sentido de que no quiero garabatear sobre lo tan trillado y más de lo mismo, ni tampoco quiero frustrarme por no entrar en el hueco oscuro de mis propias experiencias o de temas conocidos que me aviven dolor o escandalicen a alguien. Por consiguiente prefiero arriesgarme hasta provocar en los lectores el ejercicio de la reflexión.

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